Gritos. Muchos gritos. Gritos agonizantes se filtraban por las ventanas de la comisaría y hacían que el vello se erizase. Esos malditos muertos vivientes, ¿Por qué nunca se cansan? Malditos sean, joder, malditos sean. Ya ni recordaba cuanto tiempo llevaba atrincherado en la jodida comisaría. Dios, no me hice policía por esto. Durante mi instrucción ni un instante me imagine la carnicería que meses después viviría. Fue horrible. Gente encolerizada arrancando gargantas y órganos a diestro y siniestro, muertos que no morían, padres que devoraban a sus hijos e hijas. Esos seres eran inagotables. Nadie sabe de dónde han salido ni quien los ha creado. Hay gente que dice que esos “muertos vivientes” fueron creados por el mismísimo Satán, por culpa de los numerosos pecados de la gente. Yo no sé qué creer. Aún le sigo dando vueltas a aquel recuerdo. Me llamaron a las pocas horas del primer conflicto a pesar de que era mi día libre. Recuerdo el contacto de la gabardina en mi piel, y mi potente Beretta en la mano. Una magnífica pistola. Pero no me sirvió de mucho. A las pocas horas nos sentimos desbordados y nos retiramos a la comisaría. Cuando derribaron la puerta vi un espectáculo horrendo. Gente totalmente desfigurada entraba en la comisaría. La sangre caía por su boca, su ropa y su piel estaban desgarradas de forma horrenda. Pero lo peor eran sus ojos. Esos malditos ojos en blanco reflejaban una carencia de alma. Esas criaturas sobrepasan lo primitivo. Solo buscaban alimentarse de lo primero que pillaran por delante: Nosotros. Llovieron los disparos. Algunos cayeron, pero la inmensa mayoría siguieron en pie. Mis compañeros, uno a uno, caían presas de los llamados zombis. Era imposible contenerlos. Huí despavorido junto a una compañera, Marta. Nos pisaban los talones pero alcancé a ver la puerta de salida al otro lado de la comisaría. Solo había un modo de escapar. Dejé atrás a Marta y llegué a la puerta. Salí y sellé la puerta como pude dejándola a ella a merced de los putrefactos cadáveres. La oí maldecirme antes de que la desgarraran por completo. Me odié por ello mucho tiempo. Pero fue un pequeño precio a pagar con tal de escapar.
Historia original del firmador "misterioso"


